Les contaré un sueño...

¿Les ha pasado que se despiertan de un sueño tan mágico que piensan que deberían de escribir un libro sobre él? Anoche me pasó, fue un sueño tan espectacular sobre algo que me encanta hacer... viajar.


Esta historia empezó en un hostal, era una tarde soleada y yo estaba en un país que no reconocía, pero sin duda era el sudeste asiático, lo sabía porque mi hostal se ubicaba en una pequeña villa rodeada de verde... pero, ¿Cómo estoy seguro de que estaba en Asia? se preguntarán; La respuesta es simple, detrás del pequeño edificio donde me encontraba había una gran estatua de buda, lo supe porque al salir del hostal fue lo primero que vi... y lo recuerdo tan claramente que fácilmente lo podría confundir con un recuerdo... pero en mi sueño tenía un objetivo claro, dirigirme hacía una montaña que se encontraba cerca, porque en su cima me estaría esperando alguien.

Tomé mi mochila, me vestí de acuerdo al camino que me esperaba y me aventé a la aventura, la pequeña villa estaba rodeada de casas típicas del área, con techos llenos de picos y monjes caminando por las aceras, las personas eran cálidas, me sonreían al pasar y los niños jugaban sin ningún miedo, en ese momento pensé que este podía ser un sueño, pero continué.


Al salir de la pequeña villa me encontré con un camino rural de lo más peculiar, era bastante simple, calle de tierra rodeado de vallas de madera, este camino subía poco a poco hacía una bella colina, al llegar al fin del camino voltee y vi la villa desde lejos, las montañas la rodeaban y transmitía un aire de paz que es difícil de encontrar... pero mi objetivo estaba más allá de las montañas, así que tomé una gran bocanada de aire y empecé a caminar.

El camino estaba rodeado de vegetación, una vegetación tan espesa que el camino que se marcaba en su centro parecía una línea sin fin que se llegaba a confundir con el horizonte; Mis pies golpeaban la tierra al mismo tiempo que mi corazón latía, el peso de mi equipo poco a poco se hacía más ligero y mi mente solamente pensaba en una cosa, llegar a la cima.


Cuando salí de la pequeña villa el sol estaba exactamente sobre ella pero después de caminar sin tener conciencia del tiempo poco a poco el color anaranjado característico del crepúsculo poco a poco se apoderaba del cielo. Fue allí cuando encontré al primer viajero que encontraría en esta travesía.


—Hola. —Me dijo el viajero.

—¿Qué tal la caminata? —Respondí.

Me dijo que había empezado a caminar hacía varias horas, y que estábamos en Laos, en ese momento, me di cuenta que mis suposiciones eran ciertas, ¡estábamos en Asia! Hablando de la vida y de los viajes decidimos continuar el viaje juntos. Él era un viajero curtido, su nombre no lo recuerdo, pero su rostro sí, su pelo castaño brillaba como si lo hubiera lavado hace unas horas, tenía una barba pronunciada y una mochila enorme color rojo; Y como buenos viajeros que se encuentran en medio de la nada, nos hicimos amigos de inmediato.

Mientras caminábamos me di cuenta de a donde nos dirigíamos, he visto esa silueta muchas veces leyendo sobre este país que llama tanto a mi corazón viajero, la montaña de mis sueños seguramente, Phou Bia es su nombre, un sueño de todo montañista; La montaña más alta de todo Laos... al verla mis ojos se llenaron de lagrimas, a veces esto pasa en mis viajes.


En ese momento a lo lejos vimos algo que no teníamos planeado, una tormenta se acercaba, si ustedes son igual de viajeros como yo, sabrán que la lluvia en una caminata en la naturaleza podría llegar a ser un gran problema.


—¡Mirá esa nube! —Le dije el viajero.

—Apurémonos —Respondió.

Empezamos a caminar aún más rápido pero la naturaleza puede llegar a ser despiadada, porque apenas pasados unos minutos empezó a brisar sobre nosotros... no le dimos mucha importancia, en este punto no podíamos darnos la vuelta e irnos... necesitábamos buscar un refugió. Inmediatamente.


El viento empezó a azotar fuerte las laderas, los árboles empezaron a silbar como cuando enciendes un fuego artificial, el olor a tierra mojada impregnaba nuestras narices y nuestras mochilas poco a poco empezaban arrastrarnos más de lo normal... y en ese momento. La vimos.

¿Quién era la chica? ¿Qué papel jugaría en esta travesía?¿Porqué recuerdo tan bien el sueño?

Eso lo dejaremos para otra oportunidad. Si les gustó este pequeña historia y quieren ver su desenlace simplemente comenten aquí ó déjenme un corazón talvez la próxima semana les cuente el final de este fantástico sueño y prepare más historias viajeras para ustedes.


¡A viajar se ha dicho!





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